María maneja por la Interestatal 45 casi todos los días, siempre con cuidado, siempre pendiente del espejo retrovisor. Aun así, una tarde de lluvia un conductor distraído la impactó por detrás en un semáforo cerca del centro de Houston. Tenía el cuello adolorido, el carro destrozado y facturas médicas que no dejaban de llegar. Lo que más la detuvo, sin embargo, no fue el dolor físico. Fue el miedo. María no tiene papeles, y durante semanas pensó que buscar ayuda legal significaba arriesgarse a que alguien llamara a inmigración.
Esta historia se repite en miles de hogares hispanos en Houston y en todo Texas. Es uno de los mayores obstáculos que enfrenta nuestra comunidad después de un choque, un resbalón en el trabajo o cualquier otro accidente causado por la negligencia de alguien más. La pregunta que más se escucha en las cocinas y en las salas de espera de las clínicas comunitarias es siempre la misma. Si no tengo estatus legal, ¿puedo meterme en problemas por poner una demanda?
La respuesta corta es no. Los tribunales civiles de Estados Unidos, donde se presentan las demandas por lesiones personales, son completamente distintos de los tribunales de inmigración. Un caso de accidente no pregunta por su estatus migratorio porque no es relevante para la ley. Lo que importa es si otra persona actuó con negligencia y si esa negligencia le causó daño a usted o a su familia. El sistema de justicia civil existe para que cualquier persona que sufre una lesión, sin importar de dónde venga o los documentos que tenga, pueda recibir una compensación justa por sus gastos médicos, los días de trabajo perdidos y el sufrimiento que vivió.
Esa compensación puede incluir cosas muy concretas y muy necesarias para una familia trabajadora. Facturas de la sala de emergencias, terapia física, medicamentos, el salario que se dejó de recibir mientras el cuerpo sanaba, e incluso el dolor y el sufrimiento que un accidente serio deja detrás. Para María, esa compensación terminó cubriendo tanto sus citas con el quiropráctico como las semanas que no pudo limpiar casas, su fuente principal de ingresos. Nada de eso dependía de un número de seguro social ni de una visa.
Organizaciones como el American Immigration Council llevan años documentando cómo el debido proceso y el acceso a los tribunales civiles funcionan de manera separada del sistema migratorio, precisamente para proteger a quienes por miedo prefieren quedarse callados. Puede leer más sobre el acceso al debido proceso aquí. Ese mismo principio aplica a cualquier reclamo de accidente. La corte donde se resuelve un caso de lesiones no comparte información con las autoridades de inmigración, y un abogado de accidentes tiene la obligación legal y ética de mantener en privado todo lo que usted le comparta, incluyendo su estatus migratorio.
Grupos como el National Immigration Law Center también trabajan todos los días para que las familias inmigrantes conozcan sus derechos básicos dentro del sistema legal estadounidense. Conozca más sobre su labor en defensa de la comunidad inmigrante. Cuanto más informada está una familia, menos poder tiene el miedo sobre sus decisiones.
Es normal sentir desconfianza. Muchas personas crecieron en países donde acercarse a una autoridad, cualquiera que sea, puede traer consecuencias serias. Ese instinto de protegerse y proteger a la familia tiene sentido, pero en el caso de un accidente ese mismo instinto termina jugando en contra de la persona lesionada. Cuando alguien no busca ayuda por miedo, termina pagando de su bolsillo facturas médicas que legalmente le correspondían a la aseguradora del responsable, o sigue trabajando con una lesión sin tratar porque no puede darse el lujo de faltar.
Vale la pena saber también qué pasa realmente en una primera consulta, porque muchas veces el miedo viene de imaginar lo peor. Por lo general, la reunión inicial consiste en contar lo que pasó, mostrar los papeles o fotos que tenga disponibles, y escuchar una opinión honesta sobre si el caso tiene fundamento. No se pide número de seguro social, no se exige prueba de residencia, y nadie llena formularios de inmigración. El abogado está ahí para evaluar la negligencia y el daño, nada más. Si decide seguir adelante, usted decide, no hay obligación de firmar nada ese mismo día.
Hablar con un abogado de accidentes en Houston no es un riesgo, es una protección. Un buen abogado no solo entiende las leyes de Texas sobre accidentes, también entiende el contexto cultural y el miedo real que sienten muchas familias hispanas. En Houston existen equipos legales bilingües, como el de Husain Law and Associates, un abogado de accidentes en Houston que atiende casos de accidentes de auto, de trabajo y de otro tipo sin pedir jamás documentos de inmigración, y que ofrece una consulta inicial completamente gratuita para que la persona lesionada entienda sus opciones antes de decidir nada.
Al final, la pregunta no debería ser si el estatus migratorio le impide buscar justicia. La pregunta debería ser si su familia puede darse el lujo de cargar sola con los gastos de un accidente que no fue su culpa. La ley de Texas, y el sistema civil en general, existen para que eso no tenga que pasar, sin importar el idioma que hable en casa o el país donde nació.
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