Pese a que el cáncer de ovario es altamente curable si se diagnostica en etapas tempranas, el 75% de los casos a nivel mundial, se detectan en fases avanzadas.

Esto se debe a que el cáncer de ovario es de difícil diagnóstico, y suele pasar desapercibido para la mayoría de médicos que no son oncólogos.

El cáncer de ovario no puede detectarse en la exploración física durante la consulta ginecológica rutinaria, pues crece hacia arriba en la cavidad abdominal. Por otro lado, no produce dolor ni otros síntomas previos para sospechar de la enfermedad y cuando el tamaño del tumor es pequeño, no existe ningún marcador tumoral para hacer el diagnóstico.

Actualmente hay algunas técnicas como: diagnosis de imagen TAC, resonancias, o el PET, con los que se podrían hacer diagnósticos precoces, pero resultan muy caros.

No obstante, países como Inglaterra, están realizando estudios que buscan detectar tempranamente el cáncer de ovarios, mediante ecografías y marcadores tumorales que se analizan en sangre.

El cáncer de ovarios afecta principalmente a mujeres entre los 45 y 75 años de edad, aunque también puede afectar a mujeres más jóvenes. Generalmente, en los estadios iniciales de la enfermedad, la localización del tumor está en un solo ovario y la probabilidad de curarse es más alta (90%).

Los factores que predisponen al cáncer de ovario, no están bien definidos. Se cree que existen factores hereditarios o que hay una relación entre el número de embarazos y la probabilidad de padecerlo (a mayor número de embarazos, menor probabilidad de sufrirlo). De igual manera, contrario a lo que se piensa, quienes toman anticonceptivos tienen menos probabilidad de padecer la enfermedad.

En mujeres jóvenes la existencia de quistes puede ser normal y no tener mayor importancia, sin embargo las mujeres menopáusicas entre los 50 y 55 años de edad, deben dar seguimiento a estos quistes, pues podrían derivar en cáncer de ovarios.

En estadios avanzados de la enfermedad, se recurre a la intervención quirúrgica que suele ser larga y complicada, y posteriormente se sigue con un tratamiento de quimioterapia.

Aproximadamente un 50% de los casos se curan, pero el otro 50% de las pacientes que se creía habían superado el cáncer, vuelven a recaer o a presentar una recidiva de la enfermedad.

Se ha observado que mientras más tiempo pasa desde la finalización del tratamiento, la posibilidad de que la enfermedad reaparezca, es menor, aunque nunca es cero.

Fuente: salud.com con información de: www.vivirmejor.es