Por: Caleb Ávila
Director/Fundador
Periódicos El Perico y Lone Star Tx
¿Qué tal, amigos? Un saludo cariñoso para todos.
Como ya es costumbre, mis editoriales se escriben desde el corazón, y esta vez no es la excepción.
A un soldado no se le pide su espada.
A lo largo de mi carrera y trayectoria como fundador de un periódico, empresario y locutor de muchos años, he enfrentado innumerables desafíos.
Comencé sin conocimientos, sin capital y sin ayuda. Puedo decirles que, con el paso del tiempo, después de haber vivido incluso como indigente, poco a poco fui levantándome, hasta que Dios puso en mis manos una espada cuya punta era de oro.
Esa espada ha servido para construir donde antes no había nada. Sirvió para colocar la piedra angular de un templo, de un proyecto que, durante más de 25 años, ha beneficiado a muchas personas.
Esa espada ha sido fuerte. Fue forjada entre luchas, corazas, lágrimas, traiciones y hasta con el beso de Judas.
En fin, hoy puedo decirles que esa espada sigue siendo fuerte.
Es una gran alegría y un verdadero privilegio tener esa espada para continuar luchando.
Con el tiempo, decidí pasar esa espada a otras manos. Después de haber construido tanto, pensé que otros podrían utilizarla para luchar, preservar y mantener todo aquello que Dios me había permitido levantar, para beneficio de todas las personas que han llegado a ese templo, donde tuve la fortuna de colocar la piedra angular y recibir la espada que Dios me entregó.
Esa espada sigue siendo, hasta el día de hoy, más fuerte que nunca.
Sin embargo, no es una espada destinada a librar batallas cuerpo a cuerpo. No es para pelear contra nadie, porque no hay enemigos. Es una espada forjada en el sufrimiento, fortalecida por las pruebas y sostenida por la fe.
Es la misma espada que Dios puso en mis manos desde el principio.
A lo largo del camino, como soldado, siempre creí que existían personas fuertes, inteligentes y capaces, merecedoras de cargar esa espada y continuar con la misión.
Pero, al final, me di cuenta de que algunas de esas personas no comprendieron cuál era su verdadero propósito.
Es posible que hayan preferido verse importantes, fuertes y poderosas. Construyeron castillos, palacios y mansiones. Vivieron como reyes, rodeados de privilegios y nobleza, olvidándose de los principios de aquel caudillo que comenzó viviendo en su automóvil, sufriendo para conseguir algo de comer y luchando cada día por sobrevivir.
Hoy quiero decirles algo: esa espada la recuperé y ahora vuelvo a cargarla yo.
Estoy librando batallas difíciles, dolorosas, llenas de lágrimas, sangre, sacrificio y amor.
Porque hay momentos en los que las fuerzas ya no me acompañan. Hay días en los que siento que no puedo más. Sin embargo, también comprendo que algunas de las personas que escogí para llevar esa espada nunca entendieron verdaderamente la misión, ni por qué fueron elegidas para recibir semejante responsabilidad.
A pesar de todo, hoy me siento orgulloso y contento, porque sigo construyendo.
Estoy trabajando en una nueva idea, utilizando nuevamente esa espada, con la única intención de que aquellas personas que puedan comprender mi misión y decidan seguirme entiendan algo muy importante: mi propósito es dejarles un legado.
Quiero construir algo que permanezca cuando llegue el día en que tenga que partir de este mundo. Algo que pueda servirles, sostenerlos y ayudarlos a salir adelante.
He descubierto que algunas de las personas más importantes, cuando recibieron la espada, se llenaron de orgullo, vanagloria y vanidad. Se olvidaron del verdadero propósito y no comprendieron la misión que tenían en sus manos.
Por eso, hoy le pido a Dios un poco más de fuerzas para seguir construyendo algo que pueda quedarles como herencia y que les permita sobrevivir en tiempos difíciles.
Y por eso hoy les digo:
**A un soldado no se le quita su espada, pero este soldado ya no volverá a entregar la suya.**
Ese caudillo, ese hombre que Dios formó, ese Sansón, ese Josué, ese Caleb, no volverá a soltar su espada.
Seguiré luchando un poco más.
Le pido a Dios tiempo y fuerzas para dejar algo que perdure por generaciones, que trascienda hacia el futuro y que sea de bendición para todas aquellas personas que formen parte de esta misión.
Agradezco profundamente a Dios por el tiempo que me ha concedido hasta hoy. Le pido que renueve mis fuerzas, que mi corazón vuelva a llenarse de alegría, que pueda sonreír nuevamente y que me permita seguir viviendo para continuar con esta misión que, aunque ha dado buenos frutos, todavía no ha terminado.
Este soldado ha recuperado su espada y seguirá su camino.
Seguirá luchando, amando, enseñando y formando personas que puedan comprender que Dios es el principio de todo.
Como nos enseña la Biblia, el principio de la sabiduría es el temor de Dios, y el amor es el fundamento de nuestra vida.
Porque cuando llevamos el amor de Dios en nuestro corazón, no necesitamos hacer grandes cosas para demostrarlo. Es Dios quien nos sostiene, nos fortalece y nos provee lo necesario para seguir adelante.
Dios los bendiga a todos. Gracias por sus oraciones, por leer mis editoriales y por comprender esta misión que Dios puso en mis manos cuando era un soldado herido.
Hoy, con mi espada recuperada, le pido que me conceda nuevas fuerzas para continuar luchando, escribiendo y compartiendo estos editoriales que nacen desde lo más profundo de mi corazón.
Amén.
Recent Comments