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Gil García:
Una historia que merece ser contada
Por: Caleb Ávila Director/Fundador Periódicos El Perico y Lone Star Tx
¿Qué tal, amigos? Soy Caleb Ávila y una vez más escribo para ustedes mi editorial semanal.
En esta ocasión quiero dedicar estas líneas a uno de los nuevos integrantes de nuestro equipo de trabajo: Gil García.
Como muchos saben, me gusta contar historias. Historias de personas, de encuentros, de luchas y de oportunidades que, con el tiempo, terminan revelando un propósito mucho más grande de lo que imaginábamos al principio.
A Gil García lo conozco desde hace casi veinte años. Lo conocí aquí, en nuestra comunidad, por medio de una persona que trabajó conmigo en aquel tiempo.
Desde entonces pude darme cuenta de que Gil era una persona diferente: inteligente, preparado y con una capacidad extraordinaria para comprender y resolver problemas relacionados con la tecnología.
Durante muchos años, aun sin formar parte oficialmente de mi equipo, Gil se encargó de administrar mis páginas de internet de una manera profesional y eficiente. En más de una ocasión logró resolver problemas que parecían imposibles.
Siempre estuvo ahí.
Sin embargo, por su capacidad intelectual y su amplio conocimiento tecnológico, durante mucho tiempo pensé que una persona como Gil estaba fuera de mi alcance como colaborador. Nunca imaginé que algún día llegaría a trabajar directamente conmigo.
Pero la vida cambia. Los tiempos cambian. Los negocios cambian. Y también cambian las circunstancias de las personas.
Un día, de manera inesperada, Gil me dijo algo que se quedó grabado en mi mente: “Si hay algo más que hacer, aparte de lo que ya hago, ponme en la lista. Me gustaría trabajar más”.
Aquellas palabras permanecieron conmigo durante algún tiempo.
Y después llegó el momento en que fueron necesarias.
Quienes estamos al frente de un negocio sabemos que el camino nunca es sencillo. Los negocios enfrentan competencia, dificultades, crisis y momentos en los que parece que todo se vuelve cuesta arriba.
Cuando una empresa comienza a crecer y a demostrar su potencial, también comienzan a surgir nuevos retos.
Fue precisamente en uno de esos momentos difíciles cuando recordé las palabras de Gil.
Y llegó en el momento correcto.
Gil se incorporó a nuestro equipo y rápidamente comenzó a ocupar un lugar muy importante dentro de la operación.
En poco tiempo asumió responsabilidades que anteriormente requerían el trabajo de más de una persona.
Lo más sorprendente ha sido su capacidad para aprender.
Con su conocimiento previo, acompañado de estudio, práctica y preparación, en cuestión de semanas se convirtió en una pieza sumamente valiosa para mí, para nuestro equipo y para nuestros negocios.
Pero esta historia no es solamente acerca de lo que Gil ha aportado a mi empresa. También se trata de cómo dos personas pueden convertirse en bendición la una para la otra.
Esta oportunidad de trabajo representa para Gil una nueva fuente de ingresos y una posibilidad de continuar desarrollando sus talentos. Al mismo tiempo, su conocimiento y capacidad han llegado a fortalecer enormemente nuestro equipo.
Así funciona muchas veces la vida.
El conocimiento se encuentra con la oportunidad.
La experiencia se encuentra con el talento.
Y dos personas que anteriormente trabajaban de manera separada descubren que juntas pueden lograr mucho más.
Hay una frase de una película que siempre me ha gustado: “Juntos son dinamita”.
De cierta manera, así me siento hoy al trabajar con Gil.
Su conocimiento de tecnología, redes sociales, internet y páginas web, combinado con mi experiencia y visión empresarial, ha creado una relación de trabajo en la que ambos aportamos algo diferente, pero igualmente necesario.
En poco tiempo nos hemos convertido en personas muy valiosas el uno para el otro.
Me siento profundamente agradecido y afortunado de haber encontrado en Gil no solamente a una persona con grandes conocimientos, sino también a alguien leal, sencillo y dispuesto a trabajar.
Y hay algo que valoro todavía más.
A pesar de todo su conocimiento y de todas sus capacidades, Gil sigue teniendo un corazón humilde.
Para algunas personas, el dinero es lo más importante. Para nosotros, existen valores que pesan mucho más: la lealtad, la gratitud, la amistad y la oportunidad de ayudarnos mutuamente.
Eso es lo que hace especial esta historia.
En muy poco tiempo, Gil logró algo que no es sencillo: aprender a preparar y montar un periódico prácticamente desde cero.
Para alguien que nunca lo había hecho antes, conseguirlo en tan poco tiempo demuestra su capacidad, disciplina e inteligencia.
Gil, quiero decirte que estoy muy contento y profundamente agradecido contigo.
Pero, sobre todo, estoy agradecido con Dios.
Agradezco a Dios porque nuestra amistad comenzó muchos años atrás y porque, con el tiempo, esa amistad terminó convirtiéndose también en una alianza de trabajo.
Siempre fuimos amigos.
Hoy puedo decir que somos más que amigos: somos hermanos.
Tu historia merece ser contada porque es la historia de una persona con un gran conocimiento, pero también con un gran corazón.
Una persona preparada, pero sencilla.
Talentosa, pero humilde.
Nunca pensé que alguien con tus capacidades terminaría formando parte de mi equipo. Tal vez nunca hubiera tenido el valor de pedírtelo directamente.
Por eso agradezco aquel día en que fuiste tú quien se acercó y pidió una oportunidad.
Hoy veo ese momento como una bendición de Dios.
Y si yo también puedo ser de bendición para ti, entonces los dos hemos ganado.
Y cuando dos personas trabajan con propósito, lealtad y agradecimiento, también terminan siendo bendecidas todas aquellas personas que dependen de ese trabajo.
Gil García, que Dios te bendiga.
Le pido a Dios que nunca cambies, que continúes siendo la persona sencilla, noble y trabajadora que siempre has sido.
Y si Dios lo permite, continuaremos juntos en esta misión. Porque quizás para eso nos conocimos.
Quizás para eso nuestros caminos volvieron a encontrarse. Y quizás esta historia apenas está comenzando.
Amén.
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